Jugando a las escondidas

Los niños de hoy no saben jugar.   Sentarse por horas mirando una pantalla mientras aprietan botones y mueven palancas puede ser divertido pero jamás puede ser mejor que los juegos de la era pre-juegos electrónicos.

Podíamos jugar en casi cualquier sitio, preferiblemente afuera.  Jugar en el patio, el parque, la calle frente a casa o todos los anteriores nos daba un sentido de libertad único.  Además teníamos mucha más actividad física; correr bicicleta, brincar cuica, jugar peregrina, al escondite, tira y tapate, pasemisín, chequimorena, chico paralizado, 123 pescao, pillo y polícia y otros.  También habían otros juegos menos físicos como gallito, trompo, canicas, jacks, briscas  y muchos más.

A mi siempre mi gustó jugar a las escondidas.  Ese juego era uno de mis favoritos, combinaba la imaginación para buscar un buen escondite con la habilidad para encontrar a los escondidos.  Para la mayoría la mejor parte era ser de los que corrían a esconderse.  Yo prefería buscar a los escondidos.  Lo que me gustaba era imaginarme los lugares dónde mis amigos se escondieron, el reto de descubrir su estrategia y poder encontrarlos a todos.

Sería genial que los niños modernos aprendieran de estos juegos, quizás como parte de lo que aprenden en pre-escolar en lugar de saltar a aprender a leer y escribir.  En el hogar, los padres pueden enseñarle a los niños, es una alternativa a los juegos eléctronicos.  La idea es combinar ambos, no sustituir uno por otro.

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