¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

¡Me encanta mi trabajo! El problema es que me gusta tanto que se me olvida que estoy trabajando y se me hace difícil detenerme. Hace algún tiempo atrás, sencillamente no me detenía hasta que mi cuerpo me recordaba que hacía horas debía estar en mi casa. Frecuentemente me daba dolor de cabeza, especialmente durante los fines de semana. Poco a poco me di cuenta de que mis dolores de cabeza siempre aparecían cuando me “relajaba” asi que simplemente continuaba trabajando.  Me convertí en una adicta al trabajo, nunca me detenía. El dolor de cabeza se convirtió en migraña y de cuando en cuando esta me tumbaba, obligandome a descansar.

Muchas veces con todo y migraña seguía trabajando, si no estaba en la oficina trabajaba en la casa y si estaba con la familia o amigos siempre terminaba en el teléfono contestando llamadas o leyendo mensajes. Todo el mundo se cansó de invitarme a los sitios y que yo no fuera o que llegara tarde para irme temprano, luego de haber estado pegada al teléfono durante toda la actividad.

Mi vida social despareció, el balance no existía en mi vida, era todo trabajo. No fue sino hasta que la migraña se volvió totalmente insoportable cuando por fin fui al doctor y finalmente recibí el tratamiento adecuado. Al mismo tiempo recibí un diagnóstico de alta presión arterial y diabetes. Ambas condiciones estaban fuera de control y si no hacía cambios dramáticos en mi hábitos alimentarios y patrones de conducta mi vida estaría en riesgo.  Fue así como desperté y empezé a tomar control de mi vida.

Empezé por tomarme unas vacaciones de un mes, tiempo suficiente para adaptarme a mi nuevo estilo de vida, el cual incluía: nuevos hábitos alimentarios, rutina de ejercicios, aprender a darme tiempo para mi y sacar tiempo para reconectarme con mi familia y amigos.  Poco a poco hice cambios como por ejemplo tener tiempo de calidad con la familia.  Me acostumbré a no usar celular cuando estoy con ellos, los fines de semana son para la familia.  Como familia tenemos la costumbre de reunirnos en ciertas ocasiones, hacemos barbacoa, cocinamos y simplemente hablamos y compartimos en familia; hoy día no puedo creer que me estaba perdiendo de eso por estar trabajando todo el tiempo.  Cuando viajo, me mantengo en contacto por teléfono y gracias a herramientas como Skype o los messenger podemos comunicarnos a través del video. Tomar tiempo solo para mi es muy importante para mantener el balance, esos son los ratitos en lo que voto el estrés haciendo lo que me gusta, la fotografía o la lectura. Disfruto tener momentos de soledad, en los que no escucho nada que mi propia respiración y la naturaleza alrededor, el mar, el viento, las aves.

No es fácil mantener el balance, decir me voy sigue siendo difícil pero me obligo a hacerlo. Tengo la alarma de mi reloj programada para que suene a cierta hora. A esa hora se queda lo que se queda, yo me voy porque sino lo hago, pierdo el balance. Hago un itinerario dependiendo de las reuniones y las actividades que tenemos programadas en la planta y me obligo a seguirlo.  Un amigo me enseñó a quitarme la tarjeta de identificación y dejarla en el carro, es un acto simbólico para desconectarme del trabajo.

¿Te animas a intentarlo? Te aseguro que vale la pena, balancear el tiempo entre la oficina y el tiempo personal ayuda a sentirte mejor y a la compañía le conviene porque eres más productivo. ¿Qué crees que funcionará para ti?

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